Así es este lugar:

Este blog es un espacio de libre opinión, donde lo único prohibido es insultar al autor y a la hermosa región de donde es oriundo (Santa Cruz). Bienvenidos sean todos y mejor aún sus críticas y/o sugerencias.

Gracias

PD: El autor se reserva el derecho de publicación de los comentarios.

Revolución Jigote!

Revolución Jigote!

9mm - Lágrimas de un guerrero

miércoles, marzo 28, 2007

Un viejo blues, me hizo recordar...





"Desconfío de la vida" es un hermoso blues (entre otros más) de Pappo y que con los 9mm tocamos casi todos los fines de semana en Xero. Solo los que han tocado este fantástico tipo de música pueden entender que para hacerlo no necesitás ser un gran virtuoso en algún instrumento, simplemente meterle mucho sentimiento en lo que hacés. Lo demás....viene solo. Lo juro.


Esto se me ocurrió en la oficina (antes de almorzar), inspirado en una pésima película que vi el domingo (con un River Phoenix desconocido), ambientada en la misma mágica ciudad, pero basada en un tipo de música que me parece horrible: country. Ahora este cuento está escrito en una nueva tonalidad: es en La mayor.



NASHVILLE

Una Fender Telecaster del ‘54, una vieja Hohner diatónica y trescientos dólares en los bolsillos es todo lo que se necesita para llegar hasta Nashville y triunfar, se repetía una y otra vez un jovencísimo Johnny, a bordo del Greyhound que lo lleva desde su natal Carolina del Norte hasta la “Ciudad de la Música”. Aprovechará el llamado renacimiento del blues y su hambre de éxito para de una vez por todas despertar del sueño de toda una vida y dedicarse a lo mejor y único que sabe hacer: música. Sabe que es solo en Nashville que lo logrará. Chicago ya no ofrece las mismas oportunidades de décadas atrás y es ahora la pintoresca ciudad de Tennesse la que vive, come y respira música las veinticuatro horas del día.

No pretende ser un Robert Johnson, ni un Muddy Waters y mucho menos un BB King. Solo quiere ser Johnny, el de veinte años, el flaquito y rubio pelilargo que dejó el colegio a los quince para dedicarse al blues. El que jamás tuvo una novia porque solo tiene ojos para su guitarra, pero que perdió la virginidad con una cuarentona, pero bien conservada, profesora de música. La mujer que lo hizo hombre fue la que le enseñó las escalas básicas, los riffs…el “feeling” lo aprendió solito, escuchando a los grandes bluesmen del Missisippi en la vieja vitrola de su padre y practicando diez horas al día, encerrado en su cuarto mientras sus amigos jugaban al béisbol en las calles.

Un viejo motel lo alojó en sus primeras horas en las afueras de la ciudad. El largo viaje lo agotó tanto que no fue capaz de empuñar la Telecaster por más de dos días. Demasiado tiempo para alguien que considera a su guitarra como una extensión de su propia alma.


Llegó el día y partió hacia el downton, donde debía encontrarse con un viejo conocido de su antigua profesora: T.J. Parker. Otrora gran figura del blues, el mito dice que el mismísimo Muddy Waters le tenía celos porque pensaba que lo opacaba en los bares donde tocaban juntos. Obviamente jamás alcanzó el éxito de Waters, por una jugada del destino: perdió la mano derecha en una pelea campal en un bar de New Orleans. Ahora administraba un destartalado bar. Ideal para que Johnny empiece a hacerse conocido en el ambiente de Nashville y después lo típico: esperar hasta que algún productor lo escuche, se interese por su música y lo lleve a un estudio. Esto puede suceder mañana mismo o dentro de cinco años. Solo Dios sabe.

“Vamos chico, a ver que sabes hacer”, le dijo el viejo negro de uno ochenta metros de estatura que dijo ser el “famosísimo T.J. Parker, el único blues man vivo”. “Enchufa tu Fender a este amplificador, pero cuidado que no es cualquier cosa: me lo regaló Howlin’ Wolf antes de irse a Europa”, agregó, como para aumentar aún más el nerviosismo del rubio de Carolina del Norte.

“Coño”, exclamó el negro luego de escuchar apenas un par de temas de Johnny. “Quién carajo te enseñó a tocar así?”. “Soy autodidacta”, le respondió el rubio. “Bueno, pequeño redneck, si tú lo dices, lo creo. Mañana empiezas en mi bar. Te espero a las ocho”. Recibió como respuesta una simple sonrisa.

El motel “Rain” hacia justo honor a su nombre: llovía más adentro que afuera. Era una edificación tan inmensa como decadente. Según el administrador alojó a todas las estrellas de la música de los 40’s y 50’s que pasaron por Nashville y, según él, rumbo a la fama gracias a las canciones que escribieron durante el tiempo que se alojaron ahí y por la “inspiración” que recibieron. Johnny no pensaba siquiera intentar escribir algo, es más, tomó un relajado baño, se metió un largo sorbo de su Jack Daniel’s, se fumó un Camel Strike y cayó rendido. Lo esperaba un excitante día.

Viernes, siete treinta de la tarde. “The Horn” estaba siendo profundamente limpiado cuando llegó Johnny con sus instrumentos. T.J. lo recibió fríamente y lo único que atinó a decirle fue: “Ni se te ocurra cantar y tocar ebrio”. Como respuesta recibió otra simple sonrisa. Dirigiéndose hacia el oscuro escenario no pudo evitar maravillarse con las fotografías, afiches antiguos y recuerdos en las paredes. El mejor de todos: un afiche de una tocada de Muddy Waters de 1956 en ese mismo bar y con un irreconocible veinteañero como uno de sus músicos: T.J. Parker.

Once de la noche y el lugar estaba casi repleto. Gente de toda calaña: camioneros buscapleitos, prostitutas disimuladas, simples obreros, oficinistas estresados, músicos frustrados, jubilados alcohólicos y hasta lo que parecía ser gente común y corriente. El mejor público para un Bluesman. Hora de tocar.

Qué mejor comienzo que con un cover: “She’s sixteen” de BB King. Pero fue la segunda canción la que hizo al público estremecer: “If I sing you a blues”, una canción que Johnny escribió a los quince y que habla de un joven campesino que viaja hacia Nashville en busca de la gloria que solo la música puede darle.

“Sencilla pero hermosa letra…y esos riffs, endemoniados”. “Sí…y canta como negro, el hijo de puta”, le agregó T.J. al ejecutivo disquero que se le acercó preguntándole por el rubio veinteañero de Carolina del Norte.



"...'Cause you know I'm here. Everybody knows I'm here

I'm the Hoochie Coochie Man..." (Moody Waters, 1954).

No hay comentarios.: